La leche es el primer alimento que consumimos al nacer, mediante la lactancia materna, y tras ella, se convierte en parte de la dieta cotidiana de los niños y posteriormente de los adultos.
Los lácteos cumplen funciones específicas en diferentes momentos de la vida de una persona por eso es tan importante su consumo a todas las edades:
Mineral que forma y endurece huesos y dientes. Ayuda en la regularidad de la frecuencia cardíaca, y en la transmisión de impulsos nerviosos. Además previene la osteoporosis (perdida de masa ósea).
El grupo de Vitaminas B mantienen y aceleran el metabolismo, ayudan a mantener una piel sana y flexibilidad en el tono muscular, funcionan bien para mejorar el sistema inmune y también ayudan a mantener sano el sistema nervioso, previenen los riesgos cardiovasculares y los problemas de la ansiedad.
Son especialmente indicadas para las mujeres embarazadas, adolescentes y personas con estrés.
Es la encargada de regular el paso de calcio a los huesos. Su consumo es muy importante ya que la falta de vitamina D puede o debilitar los huesos y pueden empezar a curvarse produciéndose malformaciones irreversibles.
La Vitamina D representa un papel importante en el mantenimiento de órganos y sistemas a través de funciones, como: la regulación de los niveles de calcio y fósforo en sangre.
Ayuda a la formación y mantenimiento de dientes sanos y tejidos blandos y óseos, de las membranas mucosas y de la piel. También denominada retinol, ya que genera pigmentos necesarios para el funcionamiento de la retina. Desempeña un papel importante en el desarrollo de una buena visión.
Por ello, la ingesta de lácteos es importante en todas las edades, y no debe suprimirse a medida que la persona va siendo mayor.