#DAELPASO a vivir 24 horas con Gema Payá

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Sueño. Sí. Sobre todo cuando suena el despertador a las 5:45 AM y me pregunto: “¿Y si lo hago después?”. Automáticamente se me pasa por la cabeza el día que me espera y tras dejar sonar el despertador dos veces más… me levanto, con sueño y un poco enfadada, por ver cómo mi pareja sigue en sueño profundo. Recreo cómo suele ser un día normal, en concreto, un jueves cualquiera.

Con el móvil encima para alumbrarme y así evitar encender la luz, salgo de la habitación rumbo al cuarto de baño. Mientras, mi perro Rocky me vigila como una estatua desde fuera del cuarto de baño esperando a dar sus buenos días, aunque con las pilas no excesivamente cargadas.

Toca empezar a escribir. Voy a la zona cheslong del sofá. Rocky también, se posiciona en su sitio, a los pies.
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Cuando madrugo para trabajar -bien un post para mi blog o artículos para otros medios-, me gusta hacerlo así: en pijama y en el sofá. ¿La inspiración? Viene a días. Mañanas en las que las que mis dedos fluyen sobre el teclado y otras… donde la imaginación parece que no viene o yo no alcanzo a estar en lo que debo estar. Momentos en los que cojo el móvil para comprobar mis redes sociales, aprovecho para hacer algún Instagram Stories o Snapchat o me levanto a la cocina en busca de algo dulce. Durante ese proceso, no dejo de mirar el reloj de la pantalla del ordenador, los minutos pasan y la hoja sigue prácticamente en blanco. A las 7:30 tengo que terminar lo que esté haciendo, pues me toca arreglarme para irme a la oficina. Dejo mi perfil Miss Leggings Run para embarcarme en mi otra jornada laboral: mis ocho horas como responsable de comunicación en una agencia de branding.

Pero el momento de escritura matutino tiene sus momentos de recompensa. Este es uno de ellos.
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Como algo habitual, salgo con prisas de casa, rozando perder el tranvía. Un trayecto que solía aprovechar para chequear los perfiles de mis redes sociales, contestar correos y enviar algún mensaje de audio. Ahora, intento evitarlo. Estoy en un proceso de desconexión de redes mientras me encuentro subida al transporte público y viajes a pie. Reconozco que está siendo una especie de terapia y me funciona para ver lo que tenemos a nuestro alrededor. ¡Se nos escapan tantas cosas…!

¡Ah! Se me olvidaba. No mencioné cómo de cargada suelo salir de casa; con mochila de deporte, llena con la ropa de entreno y tuppers de todo el día, menos el de la cena.

Aquí os dejo un poco de mi trayecto en transporte público y llegada a la oficina. A estas horas… hay tranquilidad en el trabajo.


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En la oficina

Aunque me guste lo que hago, la jornada laboral a veces se hace larga, pero reconozco que no puedo quejarme del ambiente de trabajo con mis compañeros.

Aquí todavía era pronto, el resto quedaba por llegar:

Mis comidas

Os hablaré de mi rutina de comidas. Después de mi desayuno en casa: Tostadas con pechuga de pavo y tomate, zumo de naranja y café con leche, a eso de las 7:30 (si antes no he picado algo de dulce mientras escribo en el sofá), a las 10:30 suelo tomar el almuerzo: Un sándwich de pavo y una fruta, acompañado de otro café. (Ya llevo tres…)

Antes de comer mi estómago me pide comer algo más y es cuando me tomo mi ración de yogur, Kaiku Sin Lactosa MIX. 😉

Llegan las 14:00 y como junto a todo el equipo. En concreto, un jueves, día de entreno duro, de series, podría comer: Arroz con tomate y albahaca y de segundo, merluza al horno con limón, acompañado de pan y fruta.

De merienda, aquí va: Yogur sin lactosa con nueces, pasas y miel y ¡rumbo para las series! Este jueves tocaban series en cuestas. Mi entrenador intentó grabar algo, aunque con la poca luz… hizo lo que pudo.

El día se va terminando y la llegada a casa siempre se acompaña con Rocky dándome la bienvenida 🙂

Llega el pequeño momento sofá y la habitual publicación en mis redes sociales. Suelo publicar tan tarde, no porque lo haya elegido, sino porque es cuando el tiempo me lo permite. Una acción que se ha convertido en una costumbre.

¿Por qué escogí hablaros de cómo vivo un jueves? Porque antes era un día que odiaba, pues estaba marcado por mi entrenamiento de series. Ahora, casi puedo decir que es uno de mis preferidos. El esforzarme en equipo, que tiren de mí es un plus que he descubierto y que recomiendo a todo el mundo. Muchas veces no sabemos hasta dónde podemos llegar si alguien no tira de nosotros.

Ahora sí, termino el día preparando la comida para el día siguiente y a dormir. Siempre con un último chequeo a mis redes sociales. Sí, puede que esté un poco enganchada a esto del móvil, pero ¡me divierte mucho!

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